La guía completa de absolutamente todo

La guía completa de absolutamente todo

Adam Rutherford, Hannah Fry

El universo terminará cuando sucumba a la segunda ley de la termodinámica. Todos los sistemas cerrados tienden al equilibrio, el punto en el que la energía libre se ha consumido: una taza de té se enfría hasta alcanzar la temperatura ambiente, un balón baja rodando por una colina hasta detenerse. Mientras esto ocurre, la entropía del sistema aumenta, y la inamovible segunda ley dicta que la entropía solo hace que aumentar. Si consideramos que el universo en su conjunto es un sistema cerrado, entonces llegará el día en que no quedará energía libre disponible, la entropía habrá alcanzado su nivel máximo en todas partes, la temperatura del universo entero será de cero absoluto, y el universo alcanzará un estado de equilibrio final y perfecto.

Por suerte, ninguno de nosotros estará aquí para verlo. La muerte térmica del universo, como se la conoce alegremente, está prevista para dentro de unos 10100 años (el universo tiene unos 1,3 × 109 años, o sea, que aún falta bastante). Pero para que la Tierra se enfrente a su propia pesadilla apocalíptica ya no queda tanto.

El futuro es brillante. Un poco demasiado brillante, de hecho. La temperatura del Sol está aumentando lentamente, y también se está expandiendo, con lo que queremos decir que se está expandiendo hacia nosotros. En algún momento, en unos mil millones de años o así —eso si no nos hemos exterminado a nosotros mismos para entonces—, se calentará tanto que toda la flora y gran parte de la fauna serán incapaces de sobrevivir. Poco después, los océanos se evaporarán. Y en ese punto, nosotros, junto con todos los seres vivos de la Tierra, estaremos francamente jodidos. Dentro de unos tres mil millones de años, la temperatura de la superficie terrestre rondará los 150 °C. Pero el achicharre de verdad llegará dentro de unos 5 o 7 mil millones de años, cuando ese Sol al que tanto queremos, fuente esencial de todas las formas de vida que conocemos, se convertirá en heraldo de la destrucción final. Se quedará sin combustible (hidrógeno), y todo el helio que surge como desecho de la reacción de fusión que lleva ardiendo desde que se formó el Sol será tan denso y pesado que esta estrella nuestra se derrumbará bajo su propia gravedad antes de calentarse y expandirse hasta convertirse en una gigante roja que brillará con un fulgor tres mil veces superior al actual. Sus bordes se extenderán unos 32 millones de kilómetros desde la órbita actual de la Tierra.

Nuestro punto azul pálido será engullido por un incendio nuclear de color rojo intenso. Fin.